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21/03/08
Otoño
Viernes, 21 de marzo de 2008


Como un final de fiesta llegó el otoño vaciando de intrusos las playas que, por ser tan breve el tiempo, los milenarios granos de arena toleraron aunque a duras penas.
Las calles de la ciudad, hasta hace poco dormidas en el calor del estío, son asaltadas por sus habitantes que en loca carrera multiplican sus actividades para cumplir vaya a saber qué calendario de promesas de día de primero de año.
El aire, más fresco y diáfano, resume luces y polvos dando un sentido distinto a la vida.
La naturaleza entra en regresión.
Los animales preparan su guarida para suspender sus vidas en esa especie de reposo del guerrero en tren de renovar células y tejidos, de cambiar pelambre y espesar sangre.
Los árboles consuman el abandono de sus hojas que pasan del amarillo al marrón y caducas caen al suelo para abonarlo y recomenzar el ciclo.
Las frutas veraniegas entran en franca descomposición y tenue pero firmemente brotan las ácidas frutas amarillas, ácidas, redondeadas y de contundente cáscara.
Es también tiempo de recoger las últimas castañas.
Y el momento de decir adios a los furtivos, fortuitos, afortunados y livianos amores del verano.
Tiempo de quitar nuestra piel seca por el sol abrasador, hora de humedecerla con cremas lubricantes.
Tiempo de usar saquito y paraguas.
Tiempo de grises en el cielo y en los mares.
Momento de pensamientos profundos, de buena filosofía, de pan casero, de vinos de buen cuerpo y de fogatas de fin de semana encendidas con caducas hojas secas amarronadas y crujientes.
Bienvenido otoño que sos como el tango: hay que haber crecido para comprenderte; hay que haber madurado, hay que necesitar de tu profundidad.
Bienvenido otoño, mi amigo.
La Maga
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