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22/02/08

Cine, cigarrillos y propaganda

Viernes, 22 de febrero de 2008

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Los cigarrillos que directores y productores de cine hacen fumar a los personajes de sus films rara vez tienen que ver con el guión.
Aparecen actores con aire de misterio y ensoñación -al estilo Humphrey Bogart que debe ser el actor que más ha fumado en un set-, actrices en el sumun de la sofisticación -como Audrey Hepburn y su larga boquilla en el Desayuno en Tiffany's, o los más comunes cigarrillos salidos de marquillas populares como en Charada o Encuentro en París-, otros con aires de espía -el enigmático Gregory Peck- o rebeldes sin causa o con alguna típica de los 60 -James Dean, Steve McQueen- y más acá en el tiempo la impúdica y bella Sharon Stone, cruzando sus piernas y fumando en Bajos Instintos.
Sólo una muestra, pero suficiente para asegurar que invertir en las películas ha sido una de los más exitosos modos de publicidad de las tabacaleras para convencer al público que "fumar con estilo" acompaña, da glamour, calma el dolor y la ansiedad y, en suma, hace más feliz.
Muchas personas comenzaron a fumar a partir de la imitación de actores y actrices, gente chic que iba por el mundo derrochando glamour.
Y los productores financiaban costosísimas películas, muchas de las cuales pasaron sin pena y sin gloria.
Lástima que mata sin glamour...

La Maga

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